19 sept 2010

¿Un periodismo ético?



En la inmensidad estrellada de las noches pampinas de Tarapacá, lejos de la vorágine de lo cotidiano y la presión de los acontecimientos de los meses recientes, me preguntaba sobre las posibilidades reales que tenemos los profesionales ecuatorianos de la comunicación, de emprender en nuevos medios y de ejercer la libertad de expresión como se hace hoy en Chile.

Y una vez que he vuelto a mi querido país, he llegado a la conclusión que no se trata de hacer comparaciones, siempre tan odiosas, sino de profundizar en el análisis de lo que nos está pasando a los periodistas y al Ecuador.

Aparentemente, cada vez es más común observar en la sociedad una actitud que prioriza el resultado o el objetivo material, en vez de exigir que las acciones personales o profesionales de sus miembros sean éticas.

Sin embargo, en la convivencia diaria con nuestros familiares, vecinos y compañeros de trabajo es claro que los ciudadanos rechazamos la crisis global que padecemos. ¡Hasta discutimos con entusiasmo sus efectos!... y nos duele que el aborto, la pobreza y la injusticia sean vergonzosamente acompañadas de pedofilia, matrimonios homosexuales y una corrupción personalizada en el Gran Hermano, comecheques y otros tantos sujetos de corazones y bolsillos ardientes.

No en vano de nuestros padres aprendimos que no podemos construir una sociedad mejor si intentamos hacerlo al margen de valores y principios.

La moral, la ética y la ley son los pilares de la justicia social. El testimonio diario de nuestra generación prueba que la inmensa mayoría creemos que la moral, la ética y la ley son los pilares de la civilidad y del progreso.

Entonces, por qué todos los políticos y los circuitos comerciales de prensa, los llamados poderes fácticos, no se identifican con un propósito heterogéneo y único a la vez del debate social: ser cada día más decentes y trabajadores.

En esto el periodista tiene un rol clave, que para cumplirlo no le basta con observar el Código de Ética del Periodista Profesional, valorar la ética normativa, defender los ideales de su empresa, desarrollar su formación y promoción profesional.

Menos aparentar que cumple con los preceptos del ejercicio de su profesión, mientras responde a intereses, gratitudes u otros motivos.

Las virtudes morales de los periodistas tales como la lealtad a la vocación, a la dignidad humana, al público y a la comunidad en general; la solidaridad entre compañeros de la profesión; así como en la opinión objetiva a las personas, hechos y acontecimientos, etcétera. nos hace dignos de credibilidad, de autoridad moral y prestigio en la sociedad.

No se trata de suponer que cada periodista sea un ángel, ya que su condición humana lo pone en riesgo de presiones, tentaciones y podredumbres. Se trata más bien de acabar con las debilidades que han servido de modelo para que Rafael Correa generalice y desprestigie la noble profesión del periodista. Para él cada periodista tiene su precio, ¡es basura!

Paradójicamente, el gobierno es el mayor empresario de medios y ha repetido algunas prácticas del poder fáctico que denuncia, afectando también el ejercicio profesional del periodista, profundizando los problemas reales que enfrentamos por todos lados, multiplicando las dificultades y desplazamientos continuos de carácter político, económico, empresarial, institucional, etc.

La censura, autocensura, juicios, amenazas y despidos de periodistas son un secreto a voces. Los ejemplos de Carlos Vera, Jorge Ortiz y Emilio Palacios son categóricos. Muchos otros han experimentado en carne propia la retaliación cuando no han aceptado callar y ser sumisos con sus jefes, los asustados o alegres empresarios de medios, favorecidos económicamente por autoridades, prefectos y alcaldes de todos los colores, inquietos por la ola novelera de revocatorias.

En todo caso, no todo está perdido y mantenemos la esperanza de cambio encarnada en los nuevos periodistas, los deben tener presente el sabio mensaje del maestro Raúl Rivadeneira Prada, para que el periodista pueda cumplir plena y libremente su misión de servicio, es necesario que se forme integralmente: en el conocimiento de las ciencias y técnicas de la información, en la cultura universal y en la teoría y práctica de la ética; requiere de una sólida formación intelectual y moral.

El ejercicio profesional del periodista se desarrolla en un lugar y tiempo concretos; en nuestro caso, en la realidad manabita y nacional, en la que impera la corrupción, el periodismo juega un rol fundamental para el bien común, ya que de no ser por los comunicadores de grandes ideales, los atracos a los fondos públicos, la desatención en salud, los atropellos a los derechos de los ciudadanos pasarían desapercibidos y todo quedaría en la impunidad.

Por tanto, la dura realidad nos obliga a plantearnos una nueva pregunta: ¿Qué sería de nuestro país, si no existieran periodistas con ética?, con seguridad desapareceríamos como sociedad.

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