19 sept 2010

Caráquez – Canoa, un puente al paraíso




En todos los tiempos, el litoral norte manabita ha sido un paraíso. En particular, entre Bahía de Caráquez y la parroquia Canoa.

A propósito, Canoa es otra de las tantas palabras que los expedicionarios taínos nos legaron. Quizá el actual balneario fue un punto de tránsito muy importante. Un lugar de Canoas, de embarcaciones de remo de grandes marineros, pescadores, comerciantes y religiosos de todo el Pacífico occidental. Estos mercaderes utilizaban como moneda los “spondylus” y hachas-monedas.

Su importancia geográfica en la era colonial está probada por cuanto se llamó Partido, su límite al norte era hasta la mitad de la actual provincia de Esmeraldas.

De los Caras, conocemos que su territorio se extendía desde la ensenada de Charapotó hasta el cabo de San Francisco. Su principal líder, llamado Carán (reconocido como Scyri o “señor de todos”), dio el nombre de Cara a la ciudad que fundó en el año 800 D.C. sobre la bahía, donde arribó con su gente, por la cual tomó también el nombre de la Bahía de los Caráques.

La población creció mucho en dos siglos, en ese tiempo tuvieron la sucesión de ocho o diez Scyris. Su religión era la adoración del Sol y de la Luna, que estudiaban continuamente.

En la ciudad de Quito, ya apaciguada por los aires cañaris, le fabricaron un templo al Sol, en la altura hoy llamado del Panecillo, con puerta al Oriente, guarnecido de dos altos columnas que eran los observatorios de los solsticios, para la regulación del año solar que seguían.

Su gobierno, aunque monárquico, era mezclado de aristocracia. La ley de sucesión, así en el Reino como en los hijos, con entera exclusión de las hijas y a falta de hijos, en los sobrinos hijos de hermanas, pero nunca de hermanos. El hijo del Scyri o de la hermana que debía suceder, nunca se presumía heredero, ni se podía suceder, nunca se presumía heredero, ni se podía llamar Scyri, mientras no era declarado por tal en la junta de los Señores del Reino, y nunca lo declaraban, si no era apto para gobernar, pasando en ese caso a la elección de uno de los mismos Señores.

El reino de los Caras constituye la esencia de la cultura Bahía, Jama-Coaque ; antecedente de las tribus Caniloas, Pasaos, Silos, Tosahuas, Chonanas, Apacigues, Ñauzas, Jahuas y Colorados, que tenían rasgos antropológicos y culturales semejantes a los aborígenes de Centroamérica, de excepciones aptitudes artísticas y religiosas, se caracterizaron también por su valor y dieron duro combate a los conquistadores europeos, que finalmente sometieron a estos pueblos y consiguientemente, la riqueza aborigen pasó violentamente a manos de los españoles.

A Pedro Alvarado, que llegó con su flota a Bahía en 1543, le corresponde el triste título de mayor autor criminal del holocausto aborigen en Manabí: Caráquez, Charapotó, Jocay, Jipijapa y Paján, fueron desvastados por este canallesco ladrón.

Pero el tiempo avanza. Todo se supera, en esta región manabita con extraordinario pasado prehistórico e histórico, el mismo que ha sido aprovechado por cuáqueros, autodenominados promotores culturales, que se han queridos llevar palmas y reconocimientos sin otro mérito que traicionar a San Vicente y Bahía.

En todo caso, seamos optimistas que como ayer, lo peor y los negativos serán superados. Ahora, lo importante es que el progreso apuesta entre Caráquez y Canoa, EL PUENTE DE LOS CARAS será talvez la única megaobra más significativa del gobierno de Rafael Correa para Manabí. Ojalá perduré como los puentes que construyeron los romanos y que hasta hoy están de pie.

Con el puente resurgirán Bahía de Caráquez, Isla Corazón, San Vicente, Río Briceño, Canoa, Río Muchacho, San Isidro, Jama y Pedernales, que cuentan con una oferta hotelera estupenda: Posada de Daniel, Finca Orgánica Rio Muchacho, Hostal Coco Loco, San Vicente, La Herradura, Italia, Quinta W, Casa Grande, La Piedra, etc.

El puente de los Caras es una oportunidad para que inversionistas de Manta, Portoviejo, jipijapa, Puerto López y el resto de la provincia hagan alianzas estratégicas con los promotores de Saiananda, Chirije, Cerro Seco, Isla Corazón, Río Muchacho y Canoa hagan alianzas estratégicas cuyo objetivo sea cautivar más turistas entre los dos y medio millones de ecuatorianos que recorremos el país anualmente.

También, Manabí puede captar más turismo externo, como lo ha hecho el litoral sur con sus ballenas jorobadas. Insisto, Manabí puede pese al Ministro de Turismo que en las vacaciones anunciaba con insistencia los cataclismos en nuestras costas. ¡Puede! Pese el favoritismo centralista en las playas donde han invertido sus doradas fortunas.

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