24 sept 2010

D.D.H.H. en Colombia



Los colombianos son orgullosos de su música, café, flores, petroquímica e industria, lamentablemente no pueden serlo en materia de derechos humanos.

Desde el Bogotazo, la violencia se multiplicó dramáticamente hasta hoy. Narcotráfico, guerrilla, terrorismo de Estado, mafias, delincuencia, paramilitares han sido una mezcla mortal para el pueblo colombiano y han colocado ha ese país en condición de Estado fallido.

Las FARC tuvieron en las cuerdas a los ex presidentes Ernesto Samper y Andrés Pastrana. Con el apoyo militar de Estados Unidos, las fuerzas de Álvaro Uribe enfrentaron con mano de hierro a guerrilleros, secuestradores y delincuentes. No acabó con ellos, pero sí, con miles de civiles inocentes, llamados cero positivos, y también con el dialogo y la reconciliación nacional.

El conflicto interno colombiano, diariamente provoca muertos de la fuerza pública y grupos ilegales, también de periodistas, dirigentes sindicales, líderes indígenas y activistas de derechos humanos. Estos últimos tan odiados y acusados por los gorilas del Estado por supuestamente defender a los delincuentes y no a ellos.

Esta torpe idea podría tener apoyo popular en el país cafetero. La gente quiere trabajar y vivir en paz, aunque para lograrlo haya que discriminar y matar a muchos, al fin y al cabo 7 de 10 son mayoría y apoyaron decididamente, conscientes o cautivos, primero a Álvaro Uribe y ahora a Juan Manuel Santos.

Lo curioso es que el poder político colombiano no puede negar una larga relación poder político-narcos. Una sociedad civil débil y la falta de oposición real, fortaleció a los partidos hegemónicos que han mantenido subordinada a la Justicia y se cruzaron de brazos cuando importantes mandos militares han sido reclutados por los Carteles.

Los colombianos han invadido de cocaína y marihuana nada menos que a Estados Unidos, primera potencia mundial que ha respondido con la DEA, Plan Colombia, Base de Manta, Iniciativa Mérida, entre otras medidas estratégicas.

Al narcotráfico se debe adjudicar conocidos casos de violación de los derechos humanos. Es una industria de muerte, lamentablemente mueve gigantes fortunas, tentación envolvente cuando el hambre, pobreza, ignorancia, violencia e injusticia son pan de cada día.

Es un virus maldito que ataca a todo el cuerpo social, se trata de una pesadilla disfrazada de un dulce sueño en que uno tiene todo lo que quiere, hace lo que le plazca, se llena pronto de dinero, no trabaja duro, anda en los mejores carros, es famoso, querido, admirado y …!temido!
Tienen tantos feligreses, que se habla de una subcultura narco, que incluye música, moda, cine, etc.

Tiene hasta una lengua propia: traquetear, darle piso, cocinas, capos, picados, perico, laboratorio, merca, etc.

Enrola a jóvenes y viejos, médicos, modelos, mecánicos, bailarinas, contadores, ingenieros, secretarias, taxistas. Almas de dios, gente que quieren una vida digna, que entraron en un viaje estúpido, pensando en salir algún día, vivos y ricos; pero la realidad es otra, el narcotráfico lo pudre todo. Destruye familias enteras, en manos de sicarios sanguinarios.

La violencia de Colombia, no incumbe solo a Estados Unidos, sino al mundo entero. Tiene especial repercusión en sus vecinos, a los que afecta directamente en múltiples ámbitos.

Al Ecuador, en su frontera norte, con miles de refugiados, instalaciones “clandestinas” de grupos armados, contrabando de combustible, violación de soberanía con ataque militar el 1 de marzo de 2008, incursión que provocó la ruptura de relaciones diplomáticas entre los dos países.

Al Ecuador, en su imagen y prestigio internacional, con un acoso mediático para involucrar directamente a los ecuatorianos en una barbarie ajena. El último caso es el golpe mortal de Santos en Putomayo, con la operación fortaleza 2, con al menos de 27 guerrilleros muertos del Frente 48. Colombia agradeció al Ecuador, pero las autoridades nacionales aclararon que no han intervenido en modo alguno.

Ya no más masacrados ni genocidios en nombre de Dios, ni en decisiones políticas. Luchemos por construir un mundo de paz y trabajo. Luchemos por lograr una sociedad más justa y equitativa, donde el pan alcance para todos. De qué vale tanta ambición material si al final la muerte nos espera.

Desaparecerán los bosques

Salvajes e incultos, según los europeos, nuestros antepasados enseñaron a los “civilizados” del primer mundo cómo tener una relación armoniosa con la naturaleza. Cuestión que todos también debemos tomar en cuenta. En particular, los centralistas feudales que pretenden imponerse en los derechos de uso, manejo y control de los bosques.

Los centralistas acumularán el agua, la fotosíntesis de los árboles (el carbono), la polinización, la fertilidad del suelo, el conocimiento ancestral sobre plantas, la cultura, la identidad espiritual de los pueblos en servicio ambiental, a través de contratos, proyectos o programas que ofrecen una cantidad de dinero insignificante.

El pastoreo, el riego, la siembra, caza, pesca, el libre tránsito, la utilización de los árboles para cualquier fin doméstico o comercial, el mantenimiento de la cultura y la identidad, lo tradicional, quedaran en manos de los mercaderes del carbono, señores feudales transnacionales, con poder coercitivo que podrán aplicar castigos económicos, judiciales y penales en contra de los pequeños propietarios.

Por su parte, el Estado se apoderará de la naturaleza, el conocimiento y la cultura de los pueblos para administrarlos, manejarlos, venderlos, negociarlos, etc. a través de diferentes mecanismos.

Porque ahora los recursos naturales y la biodiversidad son considerados recursos estratégicos y por lo tanto, el Estado se reserva la titularidad sobre ellos y como tal ejerce la rectoría, la administración, la regulación, el control y la gestión de los mismos. En el mejor de los casos, los titulares reales de los derechos, pueden ser partícipes del aprovechamiento de los recursos a los que han accedido de manera tradicional, pero de acuerdo a lo establecido en el plan de manejo impuesto.

La Constitución Política del Estado, en su Art. 313, dice: el Estado se reserva el derecho de administrar, regular, controlar y gestionar los sectores estratégicos, con los principios de sostenibilidad ambiental, precaución, prevención y eficiencia.

Los sectores estratégicos de decisión y control exclusivo del Estado, son aquellos que por su trascendencia y magnitud tienen decisiva influencia económica, social, política o ambiental, y deberán orientarse al pleno desarrollo de los derechos y al interés social.

Se consideran sectores estratégicos la energía en todas sus formas, las telecomunicaciones, los recursos naturales no renovables, el transporte y la refinación de hidrocarburos, la biodiversidad y el patrimonio genético, el espectro radioeléctrico, el agua, y los demás que determine la ley.

En los últimos 4 años, en el país se han dado cambios significativos para la promoción de las plantaciones forestales, incluyendo aquellas destinadas a la capacitación de CO2. Las experiencias han sido polémicas, en provincias como Manabí, pese a una gran propaganda del Consejo Provincial, los resultados han sido pobres.

Las plantaciones forestales ocupan los suelos que eran para el uso de agricultura de las comunidades locales, por más de 15 años, desplazando por lo tanto a las actividades económicas tradicionales, y provocando el empobrecimiento de las comunidades. El beneficio por la venta de la madera que reciben las comunidades es mínimo por la cantidad de oferta que existe.

Las plantaciones absorben mucha agua, se calcula que en promedio un árbol absorbe alrededor de 30 litros de agua por día, en una hectárea se plantan 1.000 árboles.

En todo caso, con la idea de exportar “bioconocimientos” y se le otorga al Estado toda la potestad de decidir con quienes negociarlos. Los principales servicios ambientales de los ecosistemas son, entre otros los siguientes:
Formación y conservación de suelos; flujo, fijación y reciclaje de nutrientes reducción de sedimentos y erosión; reducción de riesgos de deslaves e inundaciones: conservación de cuenca hidrográfica y mantenimiento de las fuentes de agua; conservación de la biodiversidad y provisión de belleza paisajística; control biológico de plagas y enfermedades; polinización; regulación de la dinámica de poblaciones; planificación, filtración y desintoxicación del aire, agua y suelo; regulación de gases con efecto invernadero.

Es decir, el Estado decidirá sobre los aspectos fundamentales de la vida misma, el programa Socio Bosque que se está implementando desde diciembre del 2008, es decisivo.

Socio Bosque es un programa de incentivos monetarios directos anuales por hectárea de bosques, entregados por el Gobierno a los propietarios individuales o comunidades que deciden voluntariamente proteger sus bosques nativos.

Los fondos de este programa provienen del Presupuesto General del Estado y de donaciones internacionales, que se emplean convenios firmados con dirigentes comunitarios, en un tiempo récord. Los individuos o comunidades que firman por el contrario tienen muy bien definidas sus obligaciones, bajo amenaza de sanciones de orden administrativo, civil o penal en caso de incumplimiento del contrato.

Existe una cláusula en la que se compromete al ejecutor a que en caso de traspaso de propiedad debe haber una cláusula específica de que el nuevo propietario asume los compromisos del contrato de sociobosque, caso contrario se debe proceder como salida anticipada del proyecto.

En caso de salida anticipada del proyecto por parte del propietario, este debe cancelar hasta la mitad del dinero recibido del Estado por el contrato durante toda su permanencia en el proyecto. El contrato se someterá a las leyes, reglamentos actuales y a futuras normas que el Ministerio pudiera dictar, quedando los pequeños propietarios en total vulnerabilidad en cuanto a la tendencia y control de sus propiedades.

En el Ecuador quedan alrededor de 10 millones de hectáreas de bosques naturales. Se quiere incluir 4 millones de estas hectáreas en el programa Socio-Bosque. Los otros 6 millones de estas hectáreas ya se están perdiendo debido a la extracción petrolera y minera, por causa de la expansión de cultivos de palma aceitera y otros cultivos de agroexportación. En una palabra, desaparecerán los bosques.

19 sept 2010

Vieja y nueva partidocracia



Cada vez es más difícil creer que hubo una partidocracia corrupta, porque después de cuatro años de Correa, el eje de la lucha contra la corrupción en vez de llenar las cárceles, las mantiene vacías.

A pesar de ello, es evidente que el cuerpo social lleva las huellas malditas de los experimentos de Hurtado, Febres Cordero, Dahik, Mahuad y los privilegiados grupos políticos y económicos que nos gobiernan desde 1979 a la fecha.

Otra prueba irrefutable de la existencia de la partidocracia es la presencia e influencia de viejos políticos y la continuidad de estilos, por edicto congénito, en los jóvenes hijos de la nueva partidocracia.

Hoy la coordinación ejecutivo – legislativo es una aplanadora que entrega sin armonía y aceptación social, leyes en serie (Educación Superior, Servicio Público, COOTAD, Hidrocarburos, etcétera), pese a ser más decisivas que las “troles”.

Para hacerlo, por supuesto que se necesitan aliados, como aquella gente que dice ser socialista pero que realiza sus asambleas con lujo y logística inconcebible para una organización popular.

Y como se trata de asegurar mayoría legislativa, se encumbra a los versátiles de ADE y a los independientes, ¡entre los que aparecen brillantes oradores sin una intervención en el pleno!

Con ellos es posible librarse de las presiones del Movimiento Popular Democrático y Pachacutik, quienes condicionan sus votos y se visten de oposición, pese a que apoyaron y apoyan a la nueva partidocracia. Acaso no son muchos de sus miembros y simpatizantes figuras claves del Estado desde el ocaso de Lucio Gutiérrez.

La nueva partidocracia y sus aliados han sido enfrentados por el altivo movimiento indígena y su legítimo representante, la CONAIE, los que han logrado frenar la Ley de Recursos Hídricos.

La nueva partidocracia ha fracasado hasta ahora frente a los medios de comunicación y ha tenido que guardarse su “ley mordaza”. Por ello, la CONAIE y los periodistas somos atacados, pero al sostenernos en la justicia y la verdad, por el bien de la sociedad, logramos el sincero apoyo popular.

Por su altivez y rebeldía, la CONAIE y los periodistas han logrado éxito en sus convocatorias, la presencia de los ciudadanos ha sido espontanea y masiva. Es de justicia reconocer que el Movimiento Popular Democrático y Pachacutik cuentan también con esta fortaleza, lograda después de décadas de sacrificada lucha de sus bases.

La nueva partidocracia no puede decir lo mismo. De hecho, pese al reforzamiento de los medios de comunicación oficiales y la ágil colaboración de prefectos y alcaldes para complacer egos de las autoridades, el pueblo no asiste a sus reuniones, marchas, asambleas y programas de televisión.

El problema de la nueva partidocracia es que no tiene rebeldía, sinceridad e ideología. Dicen ser bolivarianos, alfaristas, socialistas, marxistas, antiliberales, capitalistas, globales, ecológicos, etc. según con quién y dónde estén… son más inteligentes que Hugo Chávez, Hillary Clinton, Lula y Santos juntos.

La nueva partidocracia no tiene unanimidad ni diversidad de pensamiento sobre el mercado, Estado, planificación, desarrollo, historia, banca, ALBA y otros asuntos claves. Su acción se define por los intereses y la emoción. ¡El llamado Plan de Desarrollo Nacional es una sinfonía para sordos; y, las rectorías de los sistemas, un guión que se escribe, después de terminadas las escenas!

Que sí tienen doctrina dicen… ¡el socialismo del siglo XXI!, es decir, un licuado de marxismo revolucionario, bolchevismo centralista, Teología de la Liberación, el pensamiento bolivariano y la teoría cubana. Lo extraño es que todavía no incluyen a Barcelona; J.J.; la literatura de Gabriel García Márquez, y… al Chavo del Ocho.

Concediendo el beneficio de la duda, si fuera cierto que para la nueva partidocracia, el socialismo del siglo XXI es una opción real al capitalismo y al socialismo de Estado, que se construye sobre la crítica de éstos. Por qué, en los hechos, la nueva partidocracia es devoradora de recursos acumulados y ante los ciudadanos, estatista.

La vieja partidocracia mortificó a los verdaderos seguidores de Smith, Keynes, Marshall, Friedman y Stiglitz; la nueva hace lo mismo con los de Marx, Engels, Trotsky, Rosa de Luxemburg, Leonardo Boff, Simón Bolívar, Hugo Chávez y Fidel Castro. ¡Lo que es peor, prueba que la mortificación ya es de todos!

¿Un periodismo ético?



En la inmensidad estrellada de las noches pampinas de Tarapacá, lejos de la vorágine de lo cotidiano y la presión de los acontecimientos de los meses recientes, me preguntaba sobre las posibilidades reales que tenemos los profesionales ecuatorianos de la comunicación, de emprender en nuevos medios y de ejercer la libertad de expresión como se hace hoy en Chile.

Y una vez que he vuelto a mi querido país, he llegado a la conclusión que no se trata de hacer comparaciones, siempre tan odiosas, sino de profundizar en el análisis de lo que nos está pasando a los periodistas y al Ecuador.

Aparentemente, cada vez es más común observar en la sociedad una actitud que prioriza el resultado o el objetivo material, en vez de exigir que las acciones personales o profesionales de sus miembros sean éticas.

Sin embargo, en la convivencia diaria con nuestros familiares, vecinos y compañeros de trabajo es claro que los ciudadanos rechazamos la crisis global que padecemos. ¡Hasta discutimos con entusiasmo sus efectos!... y nos duele que el aborto, la pobreza y la injusticia sean vergonzosamente acompañadas de pedofilia, matrimonios homosexuales y una corrupción personalizada en el Gran Hermano, comecheques y otros tantos sujetos de corazones y bolsillos ardientes.

No en vano de nuestros padres aprendimos que no podemos construir una sociedad mejor si intentamos hacerlo al margen de valores y principios.

La moral, la ética y la ley son los pilares de la justicia social. El testimonio diario de nuestra generación prueba que la inmensa mayoría creemos que la moral, la ética y la ley son los pilares de la civilidad y del progreso.

Entonces, por qué todos los políticos y los circuitos comerciales de prensa, los llamados poderes fácticos, no se identifican con un propósito heterogéneo y único a la vez del debate social: ser cada día más decentes y trabajadores.

En esto el periodista tiene un rol clave, que para cumplirlo no le basta con observar el Código de Ética del Periodista Profesional, valorar la ética normativa, defender los ideales de su empresa, desarrollar su formación y promoción profesional.

Menos aparentar que cumple con los preceptos del ejercicio de su profesión, mientras responde a intereses, gratitudes u otros motivos.

Las virtudes morales de los periodistas tales como la lealtad a la vocación, a la dignidad humana, al público y a la comunidad en general; la solidaridad entre compañeros de la profesión; así como en la opinión objetiva a las personas, hechos y acontecimientos, etcétera. nos hace dignos de credibilidad, de autoridad moral y prestigio en la sociedad.

No se trata de suponer que cada periodista sea un ángel, ya que su condición humana lo pone en riesgo de presiones, tentaciones y podredumbres. Se trata más bien de acabar con las debilidades que han servido de modelo para que Rafael Correa generalice y desprestigie la noble profesión del periodista. Para él cada periodista tiene su precio, ¡es basura!

Paradójicamente, el gobierno es el mayor empresario de medios y ha repetido algunas prácticas del poder fáctico que denuncia, afectando también el ejercicio profesional del periodista, profundizando los problemas reales que enfrentamos por todos lados, multiplicando las dificultades y desplazamientos continuos de carácter político, económico, empresarial, institucional, etc.

La censura, autocensura, juicios, amenazas y despidos de periodistas son un secreto a voces. Los ejemplos de Carlos Vera, Jorge Ortiz y Emilio Palacios son categóricos. Muchos otros han experimentado en carne propia la retaliación cuando no han aceptado callar y ser sumisos con sus jefes, los asustados o alegres empresarios de medios, favorecidos económicamente por autoridades, prefectos y alcaldes de todos los colores, inquietos por la ola novelera de revocatorias.

En todo caso, no todo está perdido y mantenemos la esperanza de cambio encarnada en los nuevos periodistas, los deben tener presente el sabio mensaje del maestro Raúl Rivadeneira Prada, para que el periodista pueda cumplir plena y libremente su misión de servicio, es necesario que se forme integralmente: en el conocimiento de las ciencias y técnicas de la información, en la cultura universal y en la teoría y práctica de la ética; requiere de una sólida formación intelectual y moral.

El ejercicio profesional del periodista se desarrolla en un lugar y tiempo concretos; en nuestro caso, en la realidad manabita y nacional, en la que impera la corrupción, el periodismo juega un rol fundamental para el bien común, ya que de no ser por los comunicadores de grandes ideales, los atracos a los fondos públicos, la desatención en salud, los atropellos a los derechos de los ciudadanos pasarían desapercibidos y todo quedaría en la impunidad.

Por tanto, la dura realidad nos obliga a plantearnos una nueva pregunta: ¿Qué sería de nuestro país, si no existieran periodistas con ética?, con seguridad desapareceríamos como sociedad.

Autonomía, Marx y Correa



Para los manabitas, la autonomía es el derecho y la capacidad efectiva de regirse por uno mismo; también, la autonomía está estrictamente ligada a la problemática cultural y territorial de las autonomías locales.

La autonomía trata una cuestión natural, individual, propia de cada persona que nace libre y es capaz de mantenerse como tal, jamás como un sujeto socio-político que deberá conformarse con que le repartan, según capacidades y necesidades, definidas por parámetros de una élite dirigente.

Se trata también de una cuestión política: indistintamente de su actividad y posición socioeconómica, los sujetos libres de un territorio deciden tomar su destino por sus propias manos, aportando su capacidad al desarrollo y unidad nacional.

Correa y su círculo no coinciden con nuestras ideas autonomistas, ni con la apertura semántica de la palabra autonomía y su mayor grado de oscilación conceptual; tampoco con todas las ideas marxistas, en particular sobre autonomía.

Los marxistas relacionan autonomía con la autodeterminación de los pueblos, autonomía integral, autonomía política del proletariado, autogestión, autoactividad, autonomía relativa del Estado, la pérdida de autonomía del obrero frente a la máquina, etc.

La autonomía figura como un elemento relativo de construcción de la independencia/asociación del sujeto-clase, en que el desarrollo de cada persona condiciona el desarrollo de todos los miembros de la comunidad.

Para Marx, Engels y demás ideólogos de la clase proletaria “El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa” (…). Autonomía es como principio, la ruptura política y la expresión del poder de la clase para sí.

Para los marxistas la autonomía es INDEPENDENCIA DE CLASE –subjetiva, organizativa e ideológica– en el contexto de la dominación capitalista burguesa y también es EMANCIPACIÓN, como modelo, prefiguración o proceso de formación de la sociedad emancipada.

Según Massimo Modonesi, la idea de autonomía como horizonte de emancipación vuelve a aparecer con una frecuencia e intensidad sorprendente a inicio de milenio, surge explícitamente en el proyecto del neozapatismo en México a partir de 1994, pero vinculada a la temática de la autodeterminación territorial y sociocultural indígena más que a la formación de subjetividades anticapitalistas.

Es decir, los marxistas creen en la lucha de clases, en una autonomía de lucha cotidiana, que se construye en la coordinación espontánea de los actos políticos conscientes de una colectividad.

En palabras de Modonesi, los filósofos Marx y Engels entienden al comunismo, como un movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. En esta dirección, la autonomía puede pensarse como sinónimo de comunismo.

Después de esto, ¡más claro imposible! CORREA Y SU CÍRCULO EN NINGUNA FORMA SON AUTONOMISTAS. Correa miente cuando dice creer en las autonomías y los Gobiernos Autónomos Descentralizados, porque él y su círculo son centralistas, concepto eterno, que perpetúa el poder y la riqueza en la oligarquía quiteña.

Correa y su círculo petrificado, no tiene ideología alguna y ni en miles de años podrían entender que la autonomía es libertad, capacidad de establecer normas, relaciones de poder, relación entre sujetos iguales y libres. Por eso, mejor es Marx que Correa. Por tanto, el economista de Carondelet, tiene que regresar a la Universidad a estudiar la Teoría del Autonomismo, el marxismo y hasta economía!.